Podemos formular infinidad de
preguntas, incluso alguna de ellas ni siquiera se exteriorizan sino más bien
son un sentimiento continuo que a veces nos acompañan respecto a ciertas
cuestiones. Todo el mundo puede expresar un interrogante, desde un niño pequeño
hasta la persona más longeva, sin embargo no todas las personas están dispuestas
a tomarse el tiempo para escuchar.
Respecto a esto, oír no es lo mismo
que escuchar, porque oír no es oneroso, ya que también lo puede hacer toda
persona medianamente sana de su oído, pero a la hora de prestar atención y
escuchar lo que el otro tiene para decir, ahí se encuentra la primer dificultad
en una comunicación.
Y esto sucede por algo simple, porque
escuchar implica tomarse un tiempo especial para hacerlo e implica activar en
nosotros no sólo ese sentido sino otros más que serán de suma utilidad a la
hora de comprender en su totalidad todo lo que la otra parte nos está
manifestando. Pienso al respecto que más allá de activar nuestra comprensión, al
escuchar “activamos el alma” y la ponemos en estado de alerta para enfrentar la
situación que se nos presente.
Es por eso que mi cuestión al respecto
es ¿Estamos dispuestos a escuchar a las personas? ¿O acaso en la era donde todo
es “ya y ahora”, no queda tiempo para ello? Escuchar implica introducir en la
ecuación el componente “tiempo” ya que es intencional. Podemos estar oyendo a
las personas pero es muy diferente a escucharlas ya que al hacerlo estamos
prestando toda nuestra atención a lo que nos están diciendo, estamos activando
todos nuestros sentidos para un único fin y es el de poner al otro en primer
lugar. ¿Estamos siendo generosos con nuestro tiempo? ¿Estamos un instante dando
a la otra persona el lugar importante que se merece? El tiempo es lo más
valioso que podemos regalar a una persona, y en estas breves líneas no se dejan
de expresar ni más ni menos que una solución práctica y sencilla a la hora de
aplicar esta gran verdad.
“Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para
hablar…” Santiago
1:19. (La Biblia).
Pablo Esteban Couto
5 de Setiembre de 2016.

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