lunes, 5 de septiembre de 2016

Preguntar y escuchar

Podemos formular infinidad de preguntas, incluso alguna de ellas ni siquiera se exteriorizan sino más bien son un sentimiento continuo que a veces nos acompañan respecto a ciertas cuestiones. Todo el mundo puede expresar un interrogante, desde un niño pequeño hasta la persona más longeva, sin embargo no todas las personas están dispuestas a tomarse el tiempo para escuchar.

Respecto a esto, oír no es lo mismo que escuchar, porque oír no es oneroso, ya que también lo puede hacer toda persona medianamente sana de su oído, pero a la hora de prestar atención y escuchar lo que el otro tiene para decir, ahí se encuentra la primer dificultad en una comunicación.

Y esto sucede por algo simple, porque escuchar implica tomarse un tiempo especial para hacerlo e implica activar en nosotros no sólo ese sentido sino otros más que serán de suma utilidad a la hora de comprender en su totalidad todo lo que la otra parte nos está manifestando. Pienso al respecto que más allá de activar nuestra comprensión, al escuchar “activamos el alma” y la ponemos en estado de alerta para enfrentar la situación que se nos presente.

Es por eso que mi cuestión al respecto es ¿Estamos dispuestos a escuchar a las personas? ¿O acaso en la era donde todo es “ya y ahora”, no queda tiempo para ello? Escuchar implica introducir en la ecuación el componente “tiempo” ya que es intencional. Podemos estar oyendo a las personas pero es muy diferente a escucharlas ya que al hacerlo estamos prestando toda nuestra atención a lo que nos están diciendo, estamos activando todos nuestros sentidos para un único fin y es el de poner al otro en primer lugar. ¿Estamos siendo generosos con nuestro tiempo? ¿Estamos un instante dando a la otra persona el lugar importante que se merece? El tiempo es lo más valioso que podemos regalar a una persona, y en estas breves líneas no se dejan de expresar ni más ni menos que una solución práctica y sencilla a la hora de aplicar esta gran verdad.

“Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar…” Santiago 1:19. (La Biblia).

Pablo Esteban Couto
5 de Setiembre de 2016.


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