¿Cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida? ¿Por qué cuesta tanto
identificarla?
Creo que el ser humano hace
complejo algo que en realidad es más simple. He aprendido que no hay nada de
místico en cuanto a descubrir cuál es nuestra verdadera vocación, llamado, sueño,
propósito o como quieran denominarlo. Es más sencillo de lo que pensamos, sólo
que por alguna razón no lo visualizamos. ¿Y por qué sucede esto? Creo que
muchas veces es porque hay aspectos o “urgencias” de la vida cotidiana que nos
distraen y nos alejan de ese sueño que Dios tuvo, tiene y tendrá para nuestras
vidas. Un motivo de tantos es, por temor o miedo de enfrentar los desafíos u
obstáculos inherentes a la toma de decisiones importantes.
Siempre creí y jamás voy a
dejar de hacerlo, que cuando Cristo llega a la vida de las personas, Él no solamente
les regala salvación y vida eterna, sino que trae orden a un caos interno
ubicando todas las cosas en su justo lugar, y una de esas cosas es la vocación
de las personas.
"Determinarás asimismo una
cosa, y te será firme, Y sobre tus caminos resplandecerá luz." Job
22:28. (La Biblia).
Entonces, podemos aprender de
este pasaje bíblico lo importante de la determinación y la constancia, ya que la
voluntad de Dios para nuestras vidas es la que nosotros decidamos o emprendamos,
es la que nos determinemos porque Él ya escondió su sueño y su voluntad dentro nuestro
desde antes de la fundación del mundo. “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque
no existía uno solo de ellos.” Salmos 139:16.
¿Y entonces, dónde está la
voluntad de Dios para nuestras vidas? Está en lo que nos apasiona hacer, en lo
que siempre creímos que podíamos hacer pero nos representaba tanto miedo el
enfrentarlo que no nos animábamos a dar los primeros pasos para alcanzar esa
meta. Lo que nos apasiona difiere sutilmente de lo que nos gusta hacer, ya que no
es lo mismo.
Existe un dicho que dice: "Busca un
trabajo de lo que te apasiona hacer y no tendrás que trabajar ni un día más de
tu vida" y es así, porque si vivimos de lo que nos apasiona hacer, en
el camino podrán venir los obstáculos más difíciles pero aun así y todo, vamos
a seguir adelante por la convicción de saber que para eso fuimos creados. Sólo
es cuestión de determinarse y prepararse porque tus sueños y propósitos tienen
fecha de cumplimiento, no de vencimiento.
Ahora bien, quizá suene algo
extraño decir que es lo que nosotros decidamos, porque alguien
podría decir ¿Y dónde está Dios en todo esto si hacemos lo que bien nos parece
y no le “consultamos” a Él? Pero no me refiero a eso, ¿Pueden creer que en
cuanto a decidir a futuro o elegir entre un plan a largo plazo u otro, la
mayoría de las veces el ser humano se deja llevar por lo que los demás imponen
en sus vidas? Sea la familia, los amigos, la sociedad u otras personas de influencia, y eso es una
locura, porque ¿No deberíamos elegir por nosotros y no por los demás? ¿Acaso no
somos nosotros los que vamos a vivir el resto de nuestra vida adulta trabajando
de aquello que hoy decidamos emprender y no son los demás los que van a
trabajar por nosotros?
¿Y qué es lo que nos apasiona
hacer? Créanme que muy en lo profundo de su ser, lo saben. A veces damos lugar a los temores para ir a lo
“seguro” y la verdad que eso tiene un único resultado, y me permito ser un poco
crudo en esta apreciación. El resultado no es otro que una vida frustrada por no
alcanzar una meta o un sueño solamente por no animarse o por perder el foco en
el camino.
La única persona que puede
hacer que soltemos un sueño somos nosotros mismos, hay que seguir adelante. Es
tiempo de activar la fe para cosas grandes, sólo es necesario comenzar con una
fe del tamaño de un pequeña semilla, y luego esa semilla va a dar fruto.
Nuestro sueño es algo que nos debería “quedar enorme”. Si no es grande no es un
sueño, eso sería algo que podemos hacer en nuestras fuerzas y un sueño es lo
opuesto, es algo que parece imposible pero para Dios nada lo es, porque “… según
su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y
quien los ayuda a llevarlos a cabo”. Filipenses 2:13.
Si Dios lo dejó en nuestro
ADN, también nos da la capacidad para concretarlo pero para ello es importante
que sembremos en los sueños de otros. Todo lo que hacemos por otros es
"crédito" a nuestro favor. Dios lo ve, no para obtener algo a cambio
sino para activar nuestra fe.
Finalmente es vital dejar el
pasado atrás. Es tiempo de mirar a lo que viene, hacia nuestra meta. Si no
tenemos claro a donde tenemos que llegar difícilmente podamos avanzar. Si
sabemos a dónde nos dirigimos en la vida nos hace dar pasos claros, quizá no
sea rápido pero lo importante es ser constante y tener la vista en el pasado,
nos retrasa, nos limita y no nos deja poner el foco en nuestro futuro. El
pasado sólo nos tiene que servir para aprender de él y no para lamentarnos por
malas experiencias vividas una y otra vez. Hay que avanzar sin miedo, y creer. “En
el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El
que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor.”
1 Juan 4:18. “… me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada
en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la
carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de
Cristo Jesús”. Filipenses 3:13-14
La voluntad de Dios para
nuestras vidas Él ya la sembró en nuestro interior, y es la que nosotros (y
nadie más) decidamos activar. Hay de determinarse y comenzar sin temor. Nunca
es tarde para empezar, no importa la edad que tengamos. ¡Todo lo podemos en Cristo que
nos fortalece! Si sabemos quiénes somos en Él y cuanto valemos, nadie
nos puede detener, y seremos de bendición para otros de una manera que no nos
podemos imaginar. Es tiempo de creerle una vez más a Dios para cosas grandes.
Pablo Esteban Couto
18/10/2016

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