Con profunda tristeza escribo estas líneas pero no podía
dejar de hacerlo al honrar a Javier Damián D’Angelo. Nos dejó siendo muy joven
y con muchos sueños por delante. Cuando estas cosas suceden es inevitable
preguntarnos ¿Por qué?
Solamente quería, desde mi lugar, que todos lo conozcan.
Por lo general se suelen decir buenas palabras de las personas que ya no están
con nosotros, pero en su caso valen cada una de ellas y más. Para aquellos que
no lo conocieron fue una persona llena de Jesús al cual Dios rescató de una
vida muy difícil, con un testimonio que donde él iba, reflejaba a Cristo como
pocos he visto.
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Recuerdo de Concordia, Entre
Ríos.
Regresando de uno de los barrios que visitamos, volvíamos muy cansados pero felices por lo que Dios había hecho en ese lugar. |
A Javier lo conocí en “Operación Vida, Concordia” en
Semana Santa de 2016. Recuerdo en una oportunidad por mi tarea de fotógrafo, me
tocó cubrir uno de los últimos barrios, el más difícil para mí, y él era parte
del equipo de Seguridad de la Iglesia. Cuando vamos a lugares que así lo
ameritan, nos asignan una persona que nos acompaña para que nuestra tarea periodística
pueda ser realizada con total normalidad, y recuerdo de ese momento: la
excelencia con que realizó su tarea, pese a que según me contaba él, hubiese
preferido estar junto con los demás recorriendo las casas predicando y estando
con la gente cara a cara, pero en esa ocasión era la tarea que le habían asignado
y la desempeñó con total idoneidad, tal es así que desde ese momento siempre lo
buscaba para que pudiésemos servir juntos en los demás barrios.
Él era un chico lleno de Dios que siempre daba todo por
aquél que lo necesitaba, derramaba todo el amor que recibió cuando conoció a
Jesús. Era sincero y transparente, humilde. Siempre pensando en los demás y así
lo vamos a recordar, como un gran hombre de Dios. Seguramente tuvo e hizo
muchas oraciones, muchas fueron respondidas por Dios y quizá muchas otras no
tuvieron respuesta en vida, pero es la fe en que creemos la que nos hace saber
que tendrán respuesta tarde o temprano. No nos cabe ninguna duda que las
semillas que sembró en otros, incluso en quien escribe esta nota, van a dar
buen fruto y fruto como jamás imaginamos.
Doy gracias a Dios por haberlo conocido y respondiendo a
mi primera pregunta, creo que la respuesta es clara en este pasaje Bíblico: “La gente buena se muere; muchas veces, los justos mueren
antes de que llegue su hora. Pero a nadie parece importarle el porqué, tampoco
se lo preguntan a sí mismos. Parece que nadie entiende que Dios los está
protegiendo del mal que vendrá. Pues los que andan por el camino de la justicia descansarán
en paz cuando mueran”. Isaías 57:1-2 (NTV).
Oramos por su familia para que el Espíritu Santo traiga consuelo
en este momento de ausencia. Un abrazo para ellos, y también para sus
compañeros, amigos del grupo de conexión cuyo Guía es Ezequiel Roldan.
Adiós Javier, nos veremos en el cielo para tener esa
charla que nos quedó acá pendiente la última vez que nos vimos.


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