viernes, 30 de agosto de 2013

La Cajita



Vivir, habitar y morar en este planeta muchas veces implica una serie de infinitas posibilidades de existencia en cuanto a la toma de decisiones. Existen aspectos en nuestra vida que no siempre se desarrollan como los proyectamos, y frente a situaciones específicas que nos abaten o nos quieren hacer perder el buen ánimo, nos vemos en la tarea de ejecutar una contraofensiva, pero no siempre podremos hacerlo de la manera correcta. Bien podríamos preguntarnos: ¿Cuál sería una actitud correcta? Y nos encontramos frente a múltiples opciones, pero si dejamos de lado lo basto y acotamos el conjunto a sólo dos de ellas, una podría ser actuar con sensatez y la otra con falta de madurez. Sin embargo, ¿uno tiene control absoluto de su humanidad? Es una pregunta válida para hacerse.

Muchas veces nos han preguntado o quizás hemos realizado una pregunta clave, esa que uno no le puede hacer a todo el mundo: ¿Cómo está tu Corazón? Y la verdad es que no podemos andar por la vida haciendo preguntas que pueden resultar incómodas a las personas, pero a veces somos inocentes al formularlas y, no existiendo por detrás más que la noble acción de preocuparse por el otro, por el que nos necesita, o prestando atención al que está a nuestro lado, simplemente la formulamos. Entonces la cuestión se origina, pero antes de ello bien podemos hacernos ese planteo a nosotros mismos; en relación a ello me he puesto a pensar acerca de una parte del cuerpo humano, sobre la caja torácica. Veamos.

El cuerpo es un conjunto de sistemas orgánicos que nos constituyen como seres con vida, y en especial, el tórax es la parte que está entre la base del cuello y el diafragma. En él se encuentran contenidos los pulmones,  corazón, y los grandes vasos sanguíneos. Su aspecto es de pirámide cuadrangular y su pared está formada por las costillas y los músculos intercostales por los lados, que se unen por delante al hueso esternón por medio de los cartílagos costales, y por detrás a la columna vertebral dorsal. La función de esta "caja" es la de proteger los órganos internos de traumatismos mecánicos que de otra manera podrían lesionarlos. Ahora bien, por alguna razón, es en esta parte del cuerpo donde mayormente se manifiesta o exterioriza algo que es invisible, estos son los sentimientos en el sentido específico del estado afectivo del ánimo, lo cual viene con nosotros desde la formación del mundo. Si hablamos de ellos, hay uno en particular que algunas veces nos ocasiona sofoco, una sensación de molestia en la región torácica, ese sentimiento es producido por extrañar algo o a alguien.

Siendo un simple pensador y no profundizando en aspectos técnicos que pertenecen a diversas ramas de la ciencia y que en realidad no vienen al caso, he de observar y preguntarme lo siguiente: ¿Dónde se generan sentimientos tales como los de extrañar? ¿Dónde se genera esa incomodidad originada por el recuerdo de algo o alguien que está ausente? ¿Por qué nos afligimos cuando queremos estar con alguien y no podemos? ¿Por qué nos viene ese dolor interno desde vaya a saber uno dónde exactamente, que hace que nuestro pecho se sienta como si fuera atravesado de punta a punta?

En una conocida serie televisiva, Star Trek <The Next Generation> existe un episodio en el cual el primer oficial, William Riker, se encuentra enfadado y molesto porque puede que no vea nunca más a su amigo androide, el comandante Data, debido a su inminente muerte. La consejera de la nave le pregunta a Riker si alguna vez había oído cómo Data hablaba acerca de ello. Cabe aclarar que por su naturaleza, Data no poseía emociones, pero él decía lo siguiente: “Al experimentar los esquemas de entradas sensoriales, mis vías mentales se acostumbran a ellas. Las entradas a veces son anticipadas y las echo de menos si están ausentes”. Data estaba acostumbrado a sus compañeros de la nave y ellos a él. En palabras de androide, sus vías mentales se habían acostumbrado a sus esquemas sensoriales, es decir, a ellos sí les iba a doler su ausencia y lo iban a extrañar, porque realmente lo apreciaban y valoraban pasar tiempo con él. En este capítulo se explica en palabras de androide o desde la lógica algo que quizás no tenga lógica y pertenezca al campo de las emociones.
Muchas veces echar de menos a alguien y sentir su falta implica un estado emocional muy puntual, un estado afectivo del ánimo producido por una causa específica que nos impresiona vivamente. Eso no es ni más ni menos que extrañar. Esa ausencia y el hecho de no poder extinguir ese sentimiento en el momento, es el que se gesta en nuestro pecho y nos hace querer tomar acciones para terminar con ello porque no es nada agradable sentirse de esa manera, ahora bien, esas acciones ¿De qué tipo son? ¿Son las adecuadas?

Por más adultos que seamos y más experimentados en el área que sea, cuando nos encontramos en una situación límite o irremediable que tiende a superarnos, aflora nuestra humanidad y es ahí cuando es bueno tomar decisiones sensatas. ¿Tendría sentido hacer un berrinche como lo hizo el oficial Riker frente a esa situación a la que se enfrentaba? Al fin y al cabo era casi inevitable pasar por ese momento. Ahí es cuando es conducente, aunque sea difícil, actuar con prudencia; pero claro, muchas veces con nuestras fuerzas no es posible realizar ciertas tareas. Sin embargo, la buena noticia es que no estamos solos.

La tristeza y la melancolía no provienen de Dios. La presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas es la que viene a cambiar todas las cosas para nuestro bien. En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto”. Gálatas 5:22-23

Malos deseos o malos sentimientos van a coexistir siempre en nosotros, es inherente al ser humano y es algo que por nuestra naturaleza está de tal manera unido a nosotros que no se puede eliminar por sí mismo,  pero la diferencia la marca el invitar a la persona de Dios de continuo en nuestra vida, ya que su presencia nos hace ser todo lo que Él nos promete que seremos al tener en nosotros el fruto del Espíritu. La principal tarea del Espíritu es que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Un corazón humano que no ha sido regenerado contiene engaño. Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. Jeremías 17:9. Al hablar de corazón, bien sabemos que estamos hablando de una representación de lo que en realidad es la mente. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo”. Romanos 8:7. Cuando se incrementa lo malo en nosotros, en lugar de accionar con nuestras fuerzas y molestarnos por lo que no tenemos o perdimos, es bueno preguntarse cuál es la voluntad de Dios para nosotros. Por una razón superior suceden todas las cosas. Hay un tiempo para todo en esta vida. Muchas veces queremos lo que no nos conviene, y muy dentro de nosotros lo sabemos, actuamos como niños que fluctúan en su inestabilidad propia de una edad inmadura, pero fruto del Espíritu es todo lo contrario a ello. Cuando no conocíamos a Cristo, teníamos manifestaciones de nuestra humanidad que eran sin duda para nuestra perdición, pero al aceptar lo nuevo que Dios tenía para nosotros, ya no estamos más bajo la influencia de lo que no nos conviene, se produce la regeneración de nuestro corazón. “Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo”. Tito 3:5. Nuestra vida muchas veces es un caminar en una línea, fuera de ella erramos al blanco, en ella tenemos la guía y bendición del Espíritu Santo en nosotros generando el fruto.

Sabemos que vamos a luchar siempre con lo que nos es inherente, algunas veces vamos a ganar, otras veces vamos a tropezar, no obstante a ello, ahí mismo donde quizá caigamos, inmediatamente nos hemos de levantar. Siempre tengo en mis labios la frase si “me caigo, me levanto” y sin duda es así la vida del cristiano. Permitirle al Espíritu Santo actuar en nosotros nos llevará al objetivo permanente de ganar, conseguirlo con esfuerzo para vencer por sobre toda dificultad que se nos presente dentro y fuera de nosotros.

Por lo cual y por todo lo antes mencionado, la próxima vez que me pregunten cómo está mi corazón, la respuesta que pretendo realizar bien puede ser: Mi corazón no está sólo, así como la caja torácica protege los órganos internos de posibles traumatismos, mi corazón está guardado en una Cajita muy especial, tan especial que Cristo dio su vida para que esté a salvo y con vida, vida eterna.

Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque éste determina el rumbo de tu vida”. Proverbios 4:23.

Pablo Esteban Couto
Agosto de 2013 

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