Vivir, habitar y morar en este
planeta muchas veces implica una serie de infinitas posibilidades de existencia
en cuanto a la toma de decisiones. Existen aspectos en nuestra vida que no
siempre se desarrollan como los proyectamos, y frente a situaciones específicas
que nos abaten o nos quieren hacer perder el buen ánimo, nos vemos en la tarea
de ejecutar una contraofensiva, pero no siempre podremos hacerlo de la manera correcta.
Bien podríamos preguntarnos: ¿Cuál sería una actitud correcta? Y nos encontramos
frente a múltiples opciones, pero si dejamos de lado lo basto y acotamos el
conjunto a sólo dos de ellas, una podría ser actuar con sensatez y la otra con
falta de madurez. Sin embargo, ¿uno tiene control absoluto de su humanidad? Es una pregunta válida para
hacerse.
Muchas veces nos han preguntado
o quizás hemos realizado una pregunta clave, esa que uno no le puede hacer a
todo el mundo: ¿Cómo está tu Corazón?
Y la verdad es que no podemos andar por la vida haciendo preguntas que pueden
resultar incómodas a las personas, pero a veces somos inocentes al formularlas y,
no existiendo por detrás más que la noble acción de preocuparse por el otro,
por el que nos necesita, o prestando atención al que está a nuestro lado, simplemente
la formulamos. Entonces la cuestión se origina, pero antes de ello bien podemos
hacernos ese planteo a nosotros mismos; en relación a ello me he puesto a
pensar acerca de una parte del cuerpo humano, sobre la caja torácica. Veamos.
El cuerpo es un conjunto de sistemas orgánicos que nos constituyen como seres con vida,
y en especial, el tórax es
la parte que está entre la base del cuello y el diafragma. En él se encuentran
contenidos los pulmones, corazón, y los grandes
vasos sanguíneos. Su aspecto es de pirámide cuadrangular y su pared está
formada por las costillas y los músculos intercostales por los lados, que se
unen por delante al hueso esternón por medio de los cartílagos costales, y por
detrás a la columna vertebral dorsal. La función de esta "caja" es la de proteger los órganos
internos de traumatismos mecánicos que de otra manera podrían lesionarlos.
Ahora bien, por alguna razón, es en esta parte del cuerpo donde mayormente se
manifiesta o exterioriza algo que es invisible, estos son los sentimientos en
el sentido específico del estado afectivo del ánimo, lo cual
viene con nosotros desde la formación del mundo. Si hablamos de ellos,
hay uno en particular que algunas veces nos ocasiona sofoco, una
sensación de molestia en la región torácica, ese sentimiento es producido por extrañar algo o a alguien.
Siendo un simple pensador y no
profundizando en aspectos técnicos que pertenecen a diversas ramas de la
ciencia y que en realidad no vienen al caso, he de observar y preguntarme lo
siguiente: ¿Dónde se generan sentimientos tales como los de extrañar? ¿Dónde se
genera esa incomodidad originada por el recuerdo de algo o
alguien que está ausente? ¿Por qué nos afligimos cuando queremos estar
con alguien y no podemos? ¿Por qué nos viene ese dolor interno desde vaya a saber uno dónde exactamente, que hace
que nuestro pecho se sienta como si fuera atravesado de punta a punta?
En una conocida serie televisiva, Star Trek <The Next
Generation> existe un episodio en el cual el primer oficial, William Riker,
se encuentra enfadado y molesto porque puede que no vea nunca más a su amigo
androide, el comandante Data, debido a su inminente muerte. La consejera de la
nave le pregunta a Riker si alguna vez había oído cómo Data hablaba acerca de ello.
Cabe aclarar que por su naturaleza, Data no poseía emociones, pero él decía lo siguiente: “Al
experimentar los esquemas de entradas sensoriales, mis vías mentales se
acostumbran a ellas. Las entradas a veces son anticipadas y las echo de menos
si están ausentes”. Data estaba acostumbrado a sus compañeros de la
nave y ellos a él. En palabras de androide, sus vías mentales se habían
acostumbrado a sus esquemas sensoriales, es decir, a ellos sí les iba a doler
su ausencia y lo iban a extrañar, porque realmente lo apreciaban y valoraban pasar
tiempo con él. En este capítulo se explica en palabras de androide o desde la
lógica algo que quizás no tenga lógica y pertenezca al campo de las emociones.
Muchas veces
echar de menos a alguien y sentir su falta implica un estado emocional muy
puntual, un estado afectivo del ánimo producido por una causa específica que
nos impresiona vivamente. Eso no es ni más ni menos que extrañar. Esa ausencia
y el hecho de no poder extinguir ese sentimiento en el momento, es el que se
gesta en nuestro pecho y nos hace querer tomar acciones para terminar con ello porque
no es nada agradable sentirse de esa manera, ahora bien, esas acciones ¿De qué
tipo son? ¿Son las adecuadas?
Por más adultos
que seamos y más experimentados en el área que sea, cuando nos encontramos en una
situación límite o irremediable que tiende a superarnos, aflora nuestra
humanidad y es ahí cuando es bueno tomar decisiones sensatas. ¿Tendría sentido
hacer un berrinche como lo hizo el oficial Riker frente a esa situación a la
que se enfrentaba? Al fin y al cabo era casi inevitable pasar por ese momento.
Ahí es cuando es conducente, aunque sea difícil, actuar con prudencia; pero
claro, muchas veces con nuestras fuerzas no es posible realizar ciertas tareas.
Sin embargo, la buena noticia es que no estamos solos.
La tristeza y la
melancolía no provienen de Dios. La presencia del Espíritu Santo en nuestras
vidas es la que viene a cambiar todas las cosas para nuestro bien. “En
cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y
vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los
demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y
saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo
esto”. Gálatas
5:22-23
Malos deseos o
malos sentimientos van a coexistir siempre en nosotros, es inherente al ser
humano y es algo que por nuestra naturaleza está de tal manera unido a nosotros
que no se puede eliminar por sí mismo, pero la diferencia la marca el invitar a la
persona de Dios de continuo en nuestra vida, ya que su presencia nos hace ser
todo lo que Él nos promete que seremos al tener en nosotros el fruto del
Espíritu. La principal tarea del Espíritu es que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Un corazón
humano que no ha sido regenerado contiene engaño. “Engañoso
es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”.
Jeremías 17:9. Al hablar de corazón, bien sabemos que
estamos hablando de una representación de lo que en realidad es la mente. “La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley
de Dios, ni es capaz de hacerlo”. Romanos 8:7. Cuando
se incrementa lo malo en nosotros, en lugar de accionar con nuestras fuerzas y
molestarnos por lo que no tenemos o perdimos, es bueno preguntarse cuál es la
voluntad de Dios para nosotros. Por una razón superior suceden todas las cosas.
Hay un tiempo para todo en esta vida. Muchas veces queremos lo que no nos
conviene, y muy dentro de nosotros lo sabemos, actuamos como niños que fluctúan
en su inestabilidad propia de una edad inmadura, pero fruto del Espíritu es
todo lo contrario a ello. Cuando no conocíamos a Cristo, teníamos
manifestaciones de nuestra humanidad que eran sin duda para nuestra perdición,
pero al aceptar lo nuevo que Dios tenía para nosotros, ya no estamos más bajo
la influencia de lo que no nos conviene, se produce la regeneración de nuestro
corazón. “Él nos salvó, no por nuestras propias obras
de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la
regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo”. Tito 3:5. Nuestra vida muchas veces es un caminar en una línea, fuera de ella
erramos al blanco, en ella tenemos la guía y bendición del Espíritu Santo en
nosotros generando el fruto.
Sabemos que
vamos a luchar siempre con lo que nos es inherente, algunas veces vamos a ganar,
otras veces vamos a tropezar, no obstante a ello, ahí mismo donde quizá
caigamos, inmediatamente nos hemos de levantar. Siempre tengo en mis labios la frase
si “me caigo, me levanto” y sin duda
es así la vida del cristiano. Permitirle al Espíritu Santo actuar en nosotros
nos llevará al objetivo permanente de ganar, conseguirlo con esfuerzo para
vencer por sobre toda dificultad que se nos presente dentro y fuera de
nosotros.
Por lo cual y
por todo lo antes mencionado, la próxima vez que me pregunten cómo está mi
corazón, la respuesta que pretendo realizar bien puede ser: Mi corazón no está
sólo, así como la caja torácica protege los órganos internos de posibles
traumatismos, mi corazón está guardado en una Cajita muy especial, tan especial
que Cristo dio su vida para que esté a salvo y con vida, vida eterna.
“Sobre
todas las cosas cuida tu corazón, porque éste determina el rumbo de tu vida”. Proverbios
4:23.
Pablo Esteban Couto
Agosto de 2013

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