Mantener algo o
cuidar de su permanencia es el significado que se le da a la palabra conservar.
He oído muchas veces decir la frase “cuentas
claras… conservan la amistad”, aplicando esta regla de manera general a la noble
acción de saldar deudas de tipo económica entre dos personas. De esta manera se
hace hincapié en el hecho de que al obrar en ese sentido, no quedarán asuntos
pendientes entre dos personas que en el futuro podrían menoscabar o deteriorar una relación, evitando así que surjan
diferencias o conflictos entre estas.
En referencia a ello, podríamos
reflexionar en qué otros aspectos no deberían ser descuidados en una amistad y como
respuesta se observa todo un panorama frente a nosotros, pero de todos estos
existe uno muy particular.
Muchas veces omitimos decirle algo a alguien o pasamos por alto aspectos que en
el momento deberían haberse exteriorizado y no lo hacemos arguyendo como motivo,
la buena intención de no generarle un malestar pero quizá no nos damos cuenta
que podríamos estar generando “deudas” que a la larga podrían acumularse y
generar una situación de difícil retorno.
Un elemento que escasea hoy en
día es la sinceridad y esto es ni más
ni menos que la acción de expresarse con la libertad de no estar fingiendo y no
dar a entender lo que no es cierto. Por lo tanto al ser un elemento escaso se
lo valora en gran manera.
Al omitir estamos haciendo silencio o nos estamos absteniendo de
hablar y decir lo que realmente pensamos produciendo como consecuencia
inmediata en el otro la posibilidad de que genere para sí conjeturas que no son
de beneficio ya que se podrían establecer percepciones, sobre situaciones o
hechos, solamente por indicios y conclusiones erróneas. Sabemos que hay un
tiempo para todo pero así como hay un tiempo para “callar”, luego viene el
tiempo de “hablar”. (Eclesiastés 3:7b). “Las palabras dichas a tiempo son como manzanas de oro con adornos de plata”. (Proverbios 25:11)
Prolongar o guardar silencio
sobre una determinada cuestión no necesariamente significa tomar una decisión
acertada cuando es el tiempo de expresarse. Es verdad que en situaciones
específicas debemos medir nuestros dichos pero llegado el momento, bien podríamos
exteriorizar lo que sentimos o pensamos de manera calma teniendo la plena certeza de que tal decisión no despertará un
malestar en el otro ya que una “…
respuesta apacible desvía el enojo, pero las palabras ásperas encienden los
ánimos” (Proverbios 15:1). Es una bendición cuando podemos tener la
libertad de expresar a un amigo lo que sentimos, sin temor a que vaya a
herirse. En lo personal siempre he preferido la verdad ante todo, por más cruda
y dolorosa que parezca, a la omisión en un intento de postergar algo que es inevitable.
“Cuando digan «sí», que sea «sí»; y cuando
digan «no», que sea «no»” (Santiago 5:12b) es otro consejo que podemos
tomar a la hora de comunicarnos porque hay un tiempo para todo, haciéndolo sin
tonos grises ni excepciones, sin triquiñuelas ni rodeos o eufemismos. Considero
que cuando es el tiempo de expresarse deberemos de hacerlo con respeto y amor, tomando
a nuestro amigo como a nosotros mismos y poniéndonos siempre en su lugar.
Si queremos conservar una buena y
sana amistad debemos invertir en
todos los aspectos no dejando para mañana lo que podríamos hacer hoy, generando confianza, buen trato y un sin fin de buenas
decisiones que se depositarán en una cuenta a nuestro favor y que sin duda
será de gran bendición para muchos.
Pablo Esteban Couto
Muy buena y muy interesante tu nota.
ResponderEliminar