Una de las cuatro estaciones del
año es el invierno y su llegada es inminente. El origen de su palabra proviene
del latín hibernum. Esta estación tiene
por característica contener días más reducidos y noches más amplias con temperaturas
más bajas del promedio. Si lo vemos del punto de vista astronómico, comienza
con el solsticio de invierno alrededor del 21 de junio y culmina con el equinoccio
de primavera, alrededor del 21 de septiembre en el hemisferio sur.
Cuando analizaba estos conceptos
me interesó conocer aún más y descubrí que los solsticios son esos momentos del
año en los que “nuestra” estrella alcanza su máxima posición meridional o
boreal y que el equinoccio es el momento del año en que los días tienen una
duración igual a la de las noches en todos los lugares de la Tierra, excepto en los
polos. El origen de la palabra equinoccio proviene del latín aequinoctĭum y significa «noche igual».
Me resulta interesante observar
que no a todos les agrada el invierno, quizá porque me encuentro dentro de ese
grupo de personas. Una de las cosas que menos me atrae, aunque parezca obvio,
es una temperatura muy por debajo de lo “tolerable”. Como sobre gustos no hay
nada escrito, no voy a ser muy original al expresar mi descontento con esta
etapa anual en la cual todo parece tornarse pasivo, y es algo que ni quiero
hacer el intento de asimilar. Es así, para no andar con vueltas, no me
simpatiza para nada esta época del año. Para que no quede ninguna duda al
respecto, sí… ¡amo el verano, al igual que la primavera! que vendría a ser como
la antesala a la época más atractiva para mi termómetro interno.
Cada día que pasa sé que falta menos para llegar a esa época
en la que me puedo sentir con la libertad de no estar a merced de una agenda
insidiosa, aquella en la que los “caprichos” climáticos se nos hacen cuesta
arriba.
¿Quién de nosotros tuvo que hacer
algo que no le gustaba para poder llegar a una meta específica o a eso que sí
era de su agrado? Y sí, todos sin excepción. Alguien dijo por ahí que a veces
debemos ocuparnos cierta cantidad de horas en cosas o situaciones que no nos
agradan para luego pasar a las que son nuestra verdadera pasión.
Es probable que sea escaso el
tiempo en el que nos involucramos con actividades agradables pero en verdad llegar
a ellas hacen que haya valido la pena el haber pasado por lo otro y eso que
llamamos “otro”, se relaciona ni más ni menos con un verbo: ESPERAR.
Y esperar
significa “tener
esperanza de conseguir lo que se desea”. ¿Qué
estamos esperando en este último tiempo? ¿Será acaso la concreción de un
proyecto, terminar una carrera, alcanzar un sueño, recuperar algo perdido?
Contestar ciertas preguntas nos llevan a formularnos otras, como
cuando tenemos frío, eso siempre nos lleva a ponernos más abrigo. En el
trayecto es probable que tengamos ansiedad al igual que cuando temblamos de
frío, pero es bueno poner todo en las manos de Dios, hablando con Él y
pidiendo que se haga su voluntad. Muchas veces nos ponemos como objetivo
situaciones o relaciones con personas que quizá no estén dentro de un plan
superior y es por ello que debemos buscar guía con paciencia para no cometer
errores. Dios habla por medio de una enseñanza o durante el servicio, en
nuestro diario caminar o en el trabajo, a través de un familiar o un amigo, o tan
simple como escuchar su consejo de primera mano. ¡Qué bendición contar con
ello! “Dios nos
salvó porque tenemos la confianza de que así sucederá. Pero esperar lo que ya
se está viendo no es esperanza, pues ¿quién sigue esperando algo que ya tiene?
Sin embargo, si esperamos recibir algo que todavía no
vemos, tenemos que esperarlo con paciencia”. Romanos 8:24-25
Luego de buscar la voluntad de
Dios, es hermoso accionar e ir tras ese sueño. Pensar estrategias y llevarlas a
la práctica, aunque no haya fruto aparente en un principio pero todo ayuda para
alcanzar ese plan. El inicio de ese camino prometedor atravesando el “frío” de
los contratiempos pero qué alegría es saber que al final de todo llegará la estación que más nos agrada, habrá
un desafío superado y una hermosa historia para contar y para alentar a otros.
Así será. Habremos de tener ante todo paciencia, porque lo mejor viene,
en todas las áreas de nuestra vida.
Pablo Esteban Couto
8 de Junio de 2012

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