miércoles, 4 de enero de 2012

La pequeña gran fabricación

Crónica de un producto misterioso. 

En mi trabajo las tareas que debo realizar siempre son previsibles. Por lo general me atengo a una rutina que rara vez se modifica, excepto en casos de fuerza mayor como podría ser una cuestión problemática de un proceso en algún cliente o una situación límite como lo fue en aquella inundación reciente que todos recordamos.
Hoy inicié mi jornada como todas las mañanas, sin embargo esta tuvo una carga diferente.

Existe una experiencia que quisiera narrar con claridad suficiente y cierto detalle para llegar de esta manera a buen puerto. En el camino trataré de no exhibir un estado poco cuerdo o el de una persona con sus facultades mentales alteradas ya que comenzaré diciendo que hoy tuve a mi cuidado a “alguien” muy especial. ¿Cuántas veces hemos realizado algún proyecto en el que hemos puesto tanto esfuerzo que realmente se genera una relación de apego con el mismo o las circunstancias que le rodean? Y sobre eso va está crónica, sobre el pequeño contenido en un recipiente de vidrio de mi laboratorio.

Mi trabajo consiste en diversas tareas, que no tiene sentido enumerar ahora, pero básicamente como técnico químico debo realizar análisis específicos de los productos que comercializa la empresa en donde trabajo. Estos pueden ir desde el desarrollo de un producto hasta la puesta en marcha del mismo y su funcionamiento en el cliente que decidió trabajar con nosotros. La mayoría de los ensayos del laboratorio una vez terminada la etapa de pruebas, se reproducen en una dimensión mayor en la planta para finalmente llegar a  manos del comprador. Sin hacer demasiado compleja la narración, simplificando denominaciones y más que nada teniendo en cuenta que no tendría sentido hablar en términos teóricos profundos, debo decir que lo que me llevó a realizar ciertas preguntas y reflexionar sobre ciertos temas fue el contenido del vaso de vidrio. Este era una pequeña fabricación de un producto que en un futuro se venderá a gran escala. Y la describo como pequeña porque era un líquido de apenas 100 Cm3, contenido que equivaldría aproximadamente al volumen de una tacita de café. Para llegar a ver su forma final en verdad tuve que tener mucha paciencia ya que su fabricación fue metódica, lenta y por momentos bastante monótona.

En el tiempo que tuve que esperar la evolución del pequeño producto comencé a escribir esta crónica y a la vez observaba como el mismo terminaba de “ser”. De pasar de una simple mezcla de sustancias a un producto totalmente diferente y de ser eso para lo que fue creado. El proceso llevó varias horas. Lo primero que hice fue analizar ciertas especificaciones que mi superior el ingeniero a cargo dejó para mí. Estas consistían en todos los parámetros a los cuales se debía ajustar la fabricación. Conteniendo las fórmulas, sustancias a utilizar, cantidades a pesar, forma en que debería realizarse la mezcla, y todo lo necesario para que el proceso se llevara a cabo en la forma correcta.

Lo que más tiempo llevó fue pesar cada una de las sustancias que luego al mezclarlas reaccionarían para formar el producto final. A simple vista cada sustancia por si sola no decía mucho del proceso en el que se verían involucradas posteriormente, sin embargo eran parte de la fórmula. Una que solo podía entender quien con sus conocimientos quería llevar a la práctica un plan. Después de pesar cuidadosamente cada una de las sustancias que intervendrían en el proceso, vino el momento de las mezclas con sus formas y tiempos muy definidos. Las primeras reacciones químicas entre estas sustancias se debieron hacer con sumo cuidado y paciencia ya que involucraban interacciones sumamente exotérmicas, es decir con una liberación de calor al medio importante. Los cuidados no solo tenían que ver con la temperatura sino con la naturaleza de las mismas drogas que intervenían en el proceso porque algunas de ellas eran ácidos concentrados. Luego de las reacciones en condiciones controladas siguieron otros pasos que no tiene mucho sentido mencionar pero como todas las cosas que llevan tiempo y esfuerzo, luego de terminadas generan en el que las realiza una gran satisfacción de ver la tarea concretada y en mi caso esa no fue la excepción. En verdad tenía una satisfacción tal que produjo en mí una relación de apego muy grande con ese contenido. Ese contenido que yo mismo fabriqué con mis manos  aplicando los conocimientos adquiridos previamente.
La última etapa fue la de analizar las propiedades del producto terminado, verificar si todos los parámetros estaban los rangos adecuados, observar los distintos tipos de comportamiento del mismo, en otras palabras confirmar si se había ajustado al propósito para el cual fue creado. Y fue así, con gran agrado pude ver que el pequeño contenido de aquel vaso de vidrio había llegado a ser eso que se esperaba de él.

Todo esto me llevó a pensar y observar en carne propia algo que en estos días aprendí en continuas enseñanzas. Con un espíritu agradecido meditaba en la obra maestra de nuestro creador Dios.
El tiene para cada uno de nosotros un diseño, un plan o un propósito según como queramos llamarlo. La Biblia, su palabra, es para nosotros como un gran “manual de procedimientos”. En ella Él mismo nos dice: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había  apartado”. Dios tuvo tanto amor por la humanidad que envió a su único hijo Jesucristo “para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.
En nuestro paso por esta tierra existen varios procesos por los cuales debemos transitar. Experiencias de todo tipo y cada una de ellas implica tener que tomar decisiones en forma continua y nos envuelven en ciertas circunstancias que si las tomáramos como hechos aislados no nos dirían demasiado del “producto” final.

Aunque hemos visto que algunos procesos de nuestra vida pueden llegar a ser de rápida evolución otros realmente pueden llevar bastante tiempo en concretarse. Muchas veces nos cuesta demasiado esperar queriendo ver resultados de forma inmediata y hasta llegamos a perder las esperanzas. Esto nos lleva a desanimarnos porque no podemos ver mas allá de lo que anhelamos. Nos preguntamos “¿Por qué me sucede esto a mi? ¿Por qué tengo que pasar por esto?” Y estamos tan sumergidos en las circunstancias creyendo ver que las cosas no cambian que no podemos ver más allá de ello.

Sin duda todo forma parte de una “pequeña gran fabricación”. Todo nos ayuda a nuestro bien y esto es porque no estamos solos. En cada etapa tenemos a alguien que está con nosotros: Jesús. El intercede delante del Creador, delante del que ideó todas las cosas, delante del que tiene un diseño para cada uno de nosotros. El cuida de nosotros y nos mira con amor eterno. Él no ve lo que nosotros vemos, el tiene su mirada como aquel ingeniero que tiene control de cada aspecto de un procedimiento. El nos mira como lo que seremos si ajustamos nuestra vida a su plan.

Ajustar nuestra vida al Gran Manual, tiene innumerables beneficios ya que al ser Él el Creador de todas las cosas conoce como “reaccionará” cada elemento de un determinado proceso. Porque en este mundo tendremos aflicción pero podemos confiar que de nuestro lado no solo está Jesús sino también el Padre quien “… no nos negó ni siquiera a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, así que también nos dará junto con él TODAS las cosas”. Y si nos dio lo más grande que es a su único hijo ¿Cómo juntamente con Él no nos dará las pequeñas cosas que anhelamos? ¡TODO es TODO, es obvio!. Pidámosle al Espíritu Santo que nos llene más de Él, que aumente nuestra fe y con ella la paciencia para avanzar firme en cada proceso “Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”.


Pablo Esteban Couto
6 de Abril de 2011

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