Hoy volví a escribir después de algunos meses y al respecto debo decir que esta era una actividad que por lo general realizaba con cierta asiduidad pero de un día para otro dejé de hacerlo sin saber por qué.
En realidad no habiéndolo analizado demasiado y haciendo una retrospectiva de lo vivido creo saber el motivo pero siento que sería un tanto complejo volcarlo en esta crónica sin haber medido todas consecuencias que dicho acto generaría por lo que olvidando lo que queda atrás, simplemente diré que espero de todo corazón que cierta decepción y situación que me provocó dejar de narrar haya sido superada.
Puesta mi visión en lo que viene, trataré de hacer algo que genera cierta risa en el semblante y a la vez cierto “ruido” interno. Hablo de tratar de ser lo más directo o de dar la menor cantidad de vueltas sobre el asunto, sin embargo me resulta agradable e interesante a la vez, extenderme en un regio relato para llegar al resultado final óptimo, fiel a mi forma de ser y ver las cosas, consecuente con la manera en la que me he venido expresando hasta la fecha.
Como siempre comento, iniciar una nota es toda una aventura y desconozco el resultado final de la misma pero creo sin duda, que ha de ser de edificación mutua.
Mi relato se inicia con una lectura bíblica que fue traída a mi corazón, estuvo resonando en mi mente todos estos días y que esta mañana fue el dotante para compartir esta reflexión.
2 Corintios 10:4-5 dice: "Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo".
En ciertas ocasiones se me ha dicho “vos, no pienses”, no en un sentido literal sino como dándome a entender que no lo haga en demasía y esto viene a cuento de que frente a situaciones muy particulares podemos llegar a pensarlas y analizarlas demasiado lo que puede ser un verdadero problema.
Qué es un pensamiento sino una actividad que es creada por nuestra mente. En sentido estricto se dice que es todo aquello que es traído a existencia mediante la actividad del intelecto. Ahora, como bien sabemos todo lo que se crea en la mente debe tomarse con sumo cuidado ya que confiar en nuestro intelecto o en lo que nos “dicta” nuestro corazón podría ser ni más ni menos que un engaño, una ilusión. “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?” Jeremías 17:9.
“… y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo” y esto es maravilloso porque Dios nos puede ayudar a tratar con todo tipo de pensamientos, en especial los no tan agradables. “En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes”. Efesios 4:23 (NTV) Esto nos enseña claramente que para que seamos renovados debemos primeramente tomar la decisión de “dejar” o sea de permitirle al Espíritu hacerlo. Martín Lutero dijo alguna vez refiriéndose a este tema: “Yo no puedo evitar que las aves vuelen sobre mi cabeza, pero sí puedo evitar que hagan nido en ella”.
“Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto”. Romanos 12:2 (TLA)
Cada vez que leo estas citas me impactan en gran manera y me hacen reflexionar en que no siempre tenemos la actitud correcta. Esa en la que llevamos todo lo que pensamos a Cristo. Cuando analizamos las situaciones más allá de lo aconsejado es probable que no estemos poniendo nuestra confianza en Aquél que tiene en control todas las cosas sino por el contrario, quizás la estemos depositando en lo que somos o creemos que somos capaces de hacer. Pero que poderoso es cuando cedemos el mando de nuestra vida a Cristo y tenemos a nuestra disposición todas esas poderosas armas espirituales que nos ayudarán en nuestro caminar diario cumpliéndose todas esas promesas que fueron escritas de antemano para nosotros.
Tengo la profunda convicción de que si hay algo que nos inunda de gran paz, es confiar en quien tiene todas las respuestas a nuestras preguntas y que a su tiempo, y en su voluntad nos las hará comprender. Todo lo que hagamos tendremos que hacerlo ya no en nuestras fuerzas, sino con la ayuda de Dios. No nos será necesario conocer o analizar de qué manera Él cumplirá su propósito en nosotros porque “Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender” Salmos 139:6
Lo único que nos basta es la fe, la confianza en que encontraremos la guía necesaria para cada día, para cada hora, para cada minuto y para cada segundo en esta vida.
En lo personal hoy me alegro por haber vuelto a transmitir lo que Dios sembró en mí estos días. Hoy me alegro porque no voy a mirar atrás sino que voy a ver lo que está por delante, lo que viene que es aún más asombroso de lo que ya he vivido.
Eso para mi y es para vos.
Creelo.
Pablo Esteban Couto
16 de Noviembre de 2011

No hay comentarios:
Publicar un comentario