Esto
viene a cuento de que ayer necesitaba vocalizar con el teclado y volví
a tocarlo después de mucho tiempo. Al interpretar las melodías me di
cuenta que estaba un tanto “oxidado” en la ejecución. Por un tiempo me
he dedicado a tomar clases de canto pero dejé de lado el
perfeccionamiento en el instrumento musical. Al principio me preocupó
pero con el correr de los minutos lentamente volví a recuperar el hilo
de la cuestión.
Como
siempre digo, de todas las cosas podemos obtener una enseñanza y esta
experiencia me recordó la parábola de los talentos. Jesús mediante una
alegoría nos habla de un hombre que al emprender un viaje llamó a sus
siervos y distribuyó sus bienes para que al regresar arreglaran cuentas
con él. Esos bienes eran monedas de oro o talentos. Al regreso, no
todos los siervos habían cumplido con la tarea que les fue
encomendada. (San Mateo 25:14-30)
¿Te pusiste a pensar que estás haciendo con tus talentos? ¿Donde está tu corazón?
Los
dones que Dios nos dio sin duda tenemos que multiplicarlos, pero sin
descuidar ninguno de aquellos que por gracia hemos recibido.
Este
quizás sea el día para retomar ese don que quedó en el camino. Dios
tiene poder para hacer nuevas todas las cosas, para eliminar ese viejo
óxido y esa primera pasión puede renovarse en la voluntad de nuestro
Padre... Además nunca se sabe cuando tengamos que poner nuestros dones
en práctica.
¡Buen día amigos! Espero que a través de esta palabra, Dios bendiga tu vida como bendijo la mía.
